La otra cara del desastre: mujeres, terremotos y el nuevo mapa del desplazamiento en Venezuela
Por la Unidad de Análisis e Investigación Humanitaria. Julio de 2026.
Cuando la tierra se movió con violencia en el norte de Venezuela el pasado 24 de junio de 2026, sacudiendo con dos potentes sismos las infraestructuras de Caracas, La Guaira, Carabobo, Miranda y Aragua, los titulares globales se centraron de inmediato en el saldo visible: edificios colapsados, vías destruidas y las urgentes labores de rescate. Sin embargo, bajo la superficie del desastre natural corre una crisis más silenciosa y compleja: el impacto desigual de la catástrofe sobre las mujeres y la recomposición de los flujos migratorios de la región.
El desastre no ocurrió en un vacío; impactó a una sociedad donde la vulnerabilidad social preexistente ya afectaba desproporcionadamente a la población femenina. Hoy, los datos y reportes de campo de organismos de respuesta internacional revelan que la recuperación del país dependerá de cómo se aborden los desafíos de género y movilidad humana que dejó el terremoto.
1. La emergencia de género: salud, cuidados y violencia
Antes de los sismos, se estimaba que más del 60 % de las personas que requerían asistencia en Venezuela eran mujeres y niñas. Tras el desastre, esa brecha se ha profundizado sustancialmente. Los efectos inmediatos sobre mujeres y niñas se concentran en tres frentes: el colapso sanitario, el riesgo aumentado de violencia basada en género y la sobrecarga de cuidados.
- Salud reproductiva en pausa: la destrucción total o parcial de decenas de centros de salud paralizó las consultas prenatales y la atención obstétrica de emergencia. En un contexto donde la tasa de embarazo adolescente ya era elevada, miles de jóvenes se encuentran hoy desplazadas y sin acceso a insumos básicos de higiene o control médico.
- Violencia Basada en Género (VBG): la pérdida de viviendas obligó a miles de familias a improvisar albergues o dormir al aire libre. La falta de espacios seguros y segregados en los campamentos ha disparado las alertas de ONU Mujeres y organizaciones locales ante el aumento del riesgo de acoso, violencia sexual y redes de trata.
- La trampa de los cuidados: como suele ocurrir en situaciones de desastre, el trabajo no remunerado de cuidar a niñas, niños, personas mayores y heridos ha recaído abrumadoramente en las mujeres. Pese a ser las primeras respondedoras en sus comunidades —organizando comedores y suministros—, su sobrecarga física e informalidad les dificulta incorporarse a la reactivación económica.
2. El impacto en la comunidad migrante y la movilidad humana
El sismo alteró de forma directa las decisiones de movilidad humana tanto dentro como fuera de las fronteras venezolanas:
A. Desplazamiento interno masivo. La pérdida de infraestructura habitacional desplazó a miles de personas de las zonas urbanas más castigadas. Muchas jefas de hogar se vieron forzadas a trasladarse hacia comunidades de acogida o zonas rurales, tensionando aún más las capacidades de servicios en las regiones receptoras.
B. Reactivación de la necesidad de migrar. Para muchas mujeres que habían regresado recientemente al país o que lograban sostener a sus familias en el comercio informal, el terremoto destruyó sus pocos medios de vida. Esta situación proyecta una nueva ola migratoria saliente, impulsada no solo por la situación socioeconómica previa, sino por la pérdida total de vivienda y activos tras la tragedia.
C. La diáspora como red de salvamento. En el exterior, la comunidad migrante venezolana ha reaccionado de forma inmediata. Las remesas enviadas por familiares en el extranjero han pasado de ser un apoyo complementario a convertirse en el único sustento real para la reconstrucción de hogares liderados por mujeres en el país.
Un llamado a la acción con perspectiva de género
La respuesta ante el terremoto no puede limitarse a la remoción de escombros y el reparto de comida estándar. Los organismos internacionales concuerdan en que la reconstrucción de Venezuela debe incorporar un enfoque de género transversal:
- Garantizar la protección en albergues: instalando iluminación, divisiones físicas y protocolos para prevenir y atender la violencia de género.
- Priorizar la salud sexual y reproductiva: desplegando clínicas móviles para atender a mujeres embarazadas y garantizar insumos médicos esenciales.
- Financiar a las organizaciones de mujeres: incluir a las líderes comunitarias en las mesas de toma de decisiones e inversión de fondos de emergencia.
- Protección internacional flexibilizada: que los países receptores de la región adopten medidas de protección complementaria o regularización para quienes no pueden retornar a un territorio afectado por el desastre natural.
El terremoto derribó estructuras de concreto, pero también dejó al descubierto la resiliencia de las mujeres venezolanas. Colocarlas en el centro de la ayuda humanitaria y la planificación de la reconstrucción no es solo una cuestión de equidad, sino la única vía real para garantizar la recuperación del tejido social golpeado.